lunes, 2 de noviembre de 2015
lunes, 26 de octubre de 2015
CRÓNICO DE LA BICI- PNEU + DON VITO + GONDOLIERS - 25.10.15 ROKETES
PNEU
La verdad es
que me colé allí por casualidad. Vine de Montevideo a un congreso de bricolaje,
el International DIY Barcelona Congress
y encontré el evento buscando en interné actividades alternativas para el
domingo. Sería en las afueras, en la última parada del metro, en un centro
llamado Kasal de Jóvenes de Roquetes (sic). Lo que no esperaba era encontrarme
con tantos fanáticos bricomaníacos como yo. En seguida me di cuenta de que
aquel espectáculo sería inusual. Hacía un calor de muerte cuando empezaron a
liarla los dos franceses del gremio del neumático: Pneu. Uno de ellos se puso a
arreglar una llanta a martillazos, siguiendo un patrón hipnótico, constante,
que dejaba al personal arrobado y medio idiotizado. El otro cortaba alambres
con una extraña máquina, una especie de subfusil mutante con diferentes módulos
con luces de colores en el suelo. Los asistentes movían las cabezas y los
cuerpos como si estuvieran en un concierto, entregados al ritmo y los vaivenes
metálicos. Al cabo de media hora terminó todo y la gente se miraba con cara de
circunstancia, lógicamente incomodada por ese extraño comportamiento. Cinco
minutos después salieron otros tres concursantes a la arena, unos
italo-alemanes con evidentes relaciones con la mafia que se dedicaron a intimidar
al personal a base de trallazos con unos sonidos inverosímiles. Algunos de los espectadores
estaban más pendientes de hacerles fotos que de ver la actuación, pero los tíos
reían como si eso fuera lo único que les hacía disfrutar en la vida. Una
curiosidad: tenían a una chica que arreglaba tuberías, cosa nada común en el
mundo del bricolaje, y la verdad es que la mina creaba unas disonancias bien
gordas. El personal estaba tan contento que apenas le quedaban ganas para ver
lo que yo creía que sería el plato fuerte de la noche: gondoleros trabajando en
directo. Creo que a todos les decepcionó descubrir que venían de Boston, no de
Italia. Trabajaban fino y elegante, pero quizá se daban demasiada importancia.
Ponían mucha tecnología en el proceso y les faltaba algo de frescura. Para ser
francos, tampoco es que cantaran al estilo veneciano, y la concurrencia se
quedó un poco fría. Pero qué demonios. Nunca había estado en una actividad
extracurricular del Congreso de Bricolaje que me dejara tan sonado. Agarré una
birra artesana, me comí un bocadillo de hamburguesa de lentejas y bajé silbando
hasta el metro.
DON VITO
GONDOLIERS
jueves, 22 de octubre de 2015
CRÓNICO BICI - ISARDS +ÇA -NOUBARRIS 22.10.15.
Ya solo quería
dormir. Acababa de chupar el segundo pezón hasta dejarlo seco y no me quedaban
más ganas de berrear. Estaba entrándome la modorrilla, allí en los brazos de
esa mujer, mamá. Entonces, lo oí. Era como una de esas canciones que me ponen
cuando no tengo sueño, unos arpegios delicados, saltarines, que botaban como si
vinieran de las nubes, aunque yo sé que no venían de ahí, porque me habían
puesto mirando a la ventana, como si quisieran mostrarme a toda la calle y me
sentía como el niño de Michael Jackson. A ver, ver, ver, tampoco veía mucho, para qué
negarlo, poco más que sombras y nubes borrosas, que todavía no ando muy
desarrollado. Pero las formas difusas me decían que en la terraza del edificio
de enfrente había un montón de gente como transfigurada o alelada, mirando
fijamente al lugar de donde procedían los ruidos. Luego oí a mi padre en la
calle increpando a esas personas desde abajo, diciéndoles que ya era hora de
dormir, aunque yo sabía que era
temprano, porque hasta las nueve y cuarto no me acuestan. Y de repente: Çaska! La típica hostia en la espalda. Y
Ça! Ça! Unos brazos me çarandean. Me
pongo de los nervios, suenan unos aullidos de guitarra y batería infernales.
Todos esperan a que suelte el maldito eructito, pero no sé dónde encontrarlo.
El bajo toca una línea oscilante que parece la montaña rusa. ¡Parad, que voy a
vomitar! Y ahora los tres a la vez: Ça!
Ça! Ça! Y por fin sale el eructo y me dejan de golpear, tranquilo, en paz.
Mamá me devuelve a mi posición normal y me tumba en la cuna. Ahora oigo un vals
circense que me mece lentamente. Y ¡catarock! Suena a metal, se cae al suelo la
cuna, mi padre grita que «¡Ahora sí, ahora sí que llamo a la policía!» Lo miro
desde el suelo sin verlo y sonrío, me carcajeo con esa risa que entontece a
todos a mi alrededor. Para el estruendo. Suenan unos gritos de payaso de
frenopático, asincopados, como katak
takatataka tak katak y la casa se envuelve de guitarras pesadas y rápidas,
pesadas y rápidas. Silencio. Roll the
dice!, dice una voz desde ninguna parte. En mis sueños veo un dado gigante
acolchado que se alza como un cometa y cae al suelo mostrando el número tres. Suena
una melodía impar. Una estrella fugaz incendia el cielo, el ruido se detiene y,
de nuevo, el placer. Son arpegios de jazz. ¡Chan, chan, chan, chan, cha-chan! Y
del arrullo al death metal. «Ahora sí, ahora sí que llamo a la policía!», dice
mi padre disfrazado de Artur Mas. Pero no quiero que paren, así que me vuelvo a
reír, me arrastro hasta la cuna y me hago el dormido con una sonrisa angelical.
Y no, ni los perros, ni los padres, ni los vecinos. Nadie, nadie osa romper la
magia del momento.
ISARDS
ÇA
Foto: Rober Martinez
lunes, 19 de octubre de 2015
miércoles, 3 de junio de 2015
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